¿Cuándo acudir a terapia de parea?

A la hora de ponerse en manos de profesionales de la salud es importante contar con los mejores profesionales del sector ya que es importante sentirse cómodos.

¿Qué es la terapia de pareja?  

La terapia de pareja es un recurso al que recurren miles de parejas todos los años con la finalidad de poner fin y solución a los problemas que cada día se van haciendo más grandes. El proceso de convivencia puede ser una de las barreras más difíciles de superar, ya que crea obstáculos que a veces las personas no saben solucionar por sí mismas.  

Antes de dejar que el desgaste acabe con la relación, es bueno intentar por todos los medios aprender a solucionar las diferencias que se van creando entre las personas. Al final el crecimiento personal y profesional de cada persona hace que la personalidad de cada individuo de la pareja vaya cambiando y cuando se mantiene una relación es importante aprender a crecer en conjunto para que la relación se beneficie de los cambios y no al contrario.  

Si en la pareja no se consiguen estas cosas y cada día los integrantes se sienten más separados es importante que recurran a terapia de pareja donde de la mano de un profesional van a aprender recursos que les van a enseñar a salir de las situaciones que se planteen cada día.  

Una vez que la pareja decide dar el paso de acudir a terapia ya tiene gran parte del camino superado. Normalmente el profesional que lleva estos casos es un psicólogo especializado en problemas de pareja que en la primera cita va a atender a las dos personas a la vez.  

En esa primera toma de contacto la pareja y el psicólogo se centran en presentarse, conocerse y exponer cual es el punto que los ha llevado hasta allí. También se dan otros datos para poder evaluar la situación en conjunto; cómo el tiempo que llevan juntos, si tienen hijos o no, si han acudido antes o terapia y por qué han tomado la decisión de acudir.  

Bajo la norma de que lo más importante es respetar el turno de palabra, el terapeuta escuchará a las dos partes para entender de qué forma ha vivido cada persona los hechos que se están exponiendo ya que, aunque la relación es la misma, cada persona vive y siente de una manera distinta.  

Por este motivo, desde la primera sesión la pareja empieza a notar cambios y a tomarse las cosas con otra perspectiva. El escuchar a su pareja en la terapia y respetar la norma principal hace que no haya lugar a la discusión ya que la finalidad es resolver los problemas intercambiando opiniones.  

A la segunda cita los integrantes de la pareja suelen acudir por separado. De esta manera se pueden valorar algunos temas en los que cada persona se puede expresar con más comodidad si está solo. Así el terapeuta puede conocer más a los pacientes ya que normalmente hablan con más libertad y cuentan cosas que no dirían delante del otro por no discutir o por evitar hacer daño.  

La segunda cita es la más importante porque permite que cada persona averigüe qué cambios son los que busca ya que se profundiza en todas las áreas de la relación. De este momento en adelante las sesiones vuelven a ser conjuntas a no ser que el terapeuta decida lo contrario.  

Normalmente son necesarias cuatro sesiones que suelen hacerse semanalmente para recoger toda la información necesaria. Una vez que se han recogido los datos, el terapeuta puede valorar qué zonas de la relación están más dañadas y cómo se puede trabajar en ellas.  

La duración de la terapia varia en cada caso, pero teniendo en cuenta que una vez que pasan las 4 semanas las sesiones se empiezan a espaciar en el tiempo para que la pareja trabaje de manera independiente el tiempo medio que suele ser de entre 6 y 10 meses.  

¿Qué tener en cuenta al elegir un terapeuta? 

Además de contar con las mejores instalaciones, también es importante sentir en el entorno sanitario que las personas que atienden al paciente son amables, naturales y cercanas. Ya que dependiendo de las necesidades que se tengan el paciente necesita sentir la confianza necesaria como para contar todo lo que le pase.  

En el caso de recurrir a terapia de pareja cuando algo no va bien en la relación, cuando hay problemas ocasionados por la rutina, cambios profesionales, la llegada de nuevos miembros o simplemente por querer mejorar en la comunicación, es importante sentirnos cómodos en la consulta. 

¿Qué pasa si un integrante de la pareja no quiere acudir a terapia?  

En caso de que una de las partes no quiera acudir a terapia no se le debe obligar. Perfectamente puede ir solo un integrante que con ayuda del profesional intentará averiguar cuál es el motivo que lleva a la otra persona a no querer ir.  

Además, se intenta valorar la posibilidad de que la otra persona pueda acudir a otras citas fijando, por ejemplo, otras fechas, pero en el caso de que el motivo principal sea que no quiere ir a terapia, la decisión está tomada y no se debe de obligar a nadie a acudir a ella.  

Sin embargo, la persona que acude a la consulta puede perfectamente quedarse con el psicólogo para valorar de manera individual qué tipo de relación tiene y cómo le está afectando a nivel individual y psicológico el conjunto de circunstancias que viva en su día a día.  

De esa manera, esa persona podrá comprobar la dificultad que tiene para resolver distintas situaciones, no solo en el ámbito de la pareja sino también en el ambiente laboral o familiar, y de los recursos que posee para salir victorioso de las situaciones difíciles.  

De este modo la terapia se convertiría en terapia individual ya que a través de la consulta se trabajaría sobre unos objetivos individuales realizando el proceso de terapia adecuado para cada caso.  

Uno de los motivos que normalmente distancia de la posibilidad de acudir a terapia es el precio. Por eso hay que informarse de que normalmente la terapia de pareja y su precio está pensada para que todas las personas tengan acceso a ella independientemente de su situación económica. 

¿Cuándo es el mejor momento para acudir a terapia?  

Aceptar que hay algo que en la relación no marcha bien puede ser algo difícil para muchas personas. Por este motivo hay que analizar la situación para saber en qué momento se tiene que dar el paso de acudir a un profesional.  

La mayoría de la gente necesita su espacio propio además de la vida en pareja. Por este motivo después de los primeros meses de la relación en los que la pareja está muy unida, muchos sienten que necesitan de nuevo el tiempo que se dedicaban anteriormente. 

Si este sentimiento va más allá de querer volver a tener ese espacio y la relación se convierte en algo desagradable porque un integrante de la pareja se convierte en una parte absorbente es buen momento para plantearse hacer terapia.  

De esta manera, la persona que requiere más atención no se va a sentir olvidada y la otra parte va a aprender a poner los límites para lograr una felicidad en común ya que dentro de la pareja las dos personas van a ser igual de independientes.  

Otro motivo puede ser que factores externos como el trabajo afecten a la vida en común de la pareja. Si esto sucede, es bueno ponerse en manos de un profesional para que aconseje a la persona acerca de la gestión de su tiempo y le ayude a averiguar si utiliza el trabajo como refugio o si de verdad es necesario que le dedique tanto tiempo. 

Si la respuesta es que una parte de la pareja prefiere pasar más horas en la oficina o fuera de casa, la terapia ayudará a la persona a identificar cuál es el motivo que le lleva a huir y a averiguar el origen del problema para poder solucionarlo con ayuda del terapeuta. 

Por otra parte, si las peleas y discusiones son el problema principal dejando a la pareja sin opción a comunicarse, es otro buen momento para pensar en la opción de ir a terapia. Las discusiones distancian de tal manera que pueden llegar a crear unas diferencias irreconciliables.  

Cuando una persona llega a estar en un momento así, es bueno que vaya a terapia para que aprenda recursos que le van a ayudar no solo a aprender a comunicarse de nuevo sino a reducir el lenguaje inapropiado que se puede llegar a utilizar en momentos de enfado. 

¿Qué es la terapia familiar?  

La terapia familiar o terapia familiar sistémica, es un recurso al que recurren las familias para mejorar la comunicación y resolver los conflictos que se les presentan en la vida diaria. Es una solución a corto plazo que involucra a toda la familia o a una parte concreta y que se centra en el tipo de problema para poder dar a los participantes los suficientes recursos como para superar todos los problemas que tengan durante el transcurso de su vida.  

No solo va dirigida a familias en las que conviven padres y madres con sus hijos, sino que también se puede extender a otros familiares. La terapia familiar está enfocada a analizar la situación en la que se encuentra la familia y cuál es el origen del problema.  

Normalmente los problemas familiares se dan porque un miembro de la familia padezca otro tipo de trastorno, esté atravesando un momento difícil de su vida o directamente tenga algún problema de adicción.  

Por este motivo precisamente la terapia familiar sistémica es perfecta como complemento al tratamiento que ya tenga la persona que más problemas presentes o dificulte la convivencia. Además de ayudar a la persona que más lo necesite, si es que la hay, los demás miembros de la familia aprenderán a convivir con ella de una manera más armónica y a sentirse más aliviados. 

Además, al ser una solución a corto plazo, las sesiones no suelen durar más de una hora y normalmente en unas 15 sesiones repartidas como considere el terapeuta se habrá definido cuál es el problema y cómo hacerle frente.   

¿Cuándo acudir a terapia familiar?  

Cuando en la familia haya una situación insostenible que hace que la convivencia entre todos los miembros sea extremadamente difícil es buen momento para acudir a terapia familiar. En este caso, todos los miembros saldrán beneficiados ya sea de manera directa o indirecta.  

Normalmente en la adolescencia es cuando los pequeños de la casa suelen dar más problemas. Ya sea porque están cambiando de gustos o aficiones o porque simplemente no quieren estudiar. Las malas noticias diarias terminan haciendo mella en las relaciones entre los padres y los hijos.  

Antes de que los problemas sean irreparables, conviene ponerse en manos de un profesional que ayude al adolescente y a los padres a identificar y hacer frente al problema. El hecho de que toda la familia acuda a terapia por una parte los sitúa en posición de igualdad ya que todos muestran tener el mismo problema y, por otro lado, se definen los papeles que tienen cada uno dentro del conflicto. Esto hace que se pueda fijar el objetivo para saber cómo superarlo.  

Por otra parte, el desempleo, los problemas de ansiedad o depresión también son un detonante que da problemas en todo el entorno familiar. En caso de que los hijos no sean el problema y los adultos sean los que están atravesando una mala situación, acudir a terapia familiar también es buena solución para que los miembros aprendan a empatizar con la persona que lo está pasando mal en ese momento asumiendo cada uno el rol que le corresponda.  

Como se puede ver, acudir a terapia de pareja o terapia familiar siempre es una buena opción. 

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